martes, 22 de marzo de 2011

La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - UBA: volver a casa

La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN, o simplemente Exactas) - UBA es un lugar muy especial. Mi vínculo con Exactas comenzó cuando  empecé a circular por los corredores de la FCEyN y por los parques de Ciudad Universitaria cuando tenía unos 16 años, época en que un primo mío ingresó a la carrera de Licenciatura en Química, y época en que empecé a sospechar que podría llegar a dedicarme a la biología. Siemrpe me llamó la atención el tamaño del patio central, que fue concebido como un espacio multipropósito y que lo vi siendo utilizado de formas variadas e inusitadas: desde estadio de vóley hasta dormitorio de estudiantes durante las tomas de la Facultad. Los carteles de las agrupaciones que presentan sus listas en las elecciones del Centro de Estudiantes (el CECEN) cuelgan típicamente desde el 4to. piso hasta el 2do. o 1ro. Son feos, enormes, llamativos, y no dejan de ser de alguna manera épicos (anda a hacer y colgar carteles de más de 50 m2 a ver si no es una tarea épica, ja!).

Pabellón II de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales - UBA (Ciudad Universitaria, Buenos Aires)

En Exactas me enamoré de verdad, milité como estudiante, me peleé a gritos y alguna vez hasta voló una piña cuando se acabaron los argumentos de alguna discusión densa. Las discusiones, por otro lado, podían ser sobre las posturas reduccionistas de la biología molecular versus las holísticas de la biología (digamos) clásica, la incidencia del indeterminismo cuántico en la posibilidad de libre albedrío en el universo, o simplemente  la traición alfonsinista cuando "Felices Pascuas". Todo mezclado entre trabajos prácticos de botánica, zoología, resolver integrales, leer los últimos papers que aparecían publicados en alguna revista científica importante, y discutirlos con pasión, como se discuten las cosas importantes de la vida: como se discute sobre política o como se discute entre amigos medio nerds sobre la mejor estrategia para levantarse una mina. En Exactas participé de un taller literario dirigido por Mempo Giardinelli (no sé si él recordará la experiencia, pero para los que estábamos ahí fue inolvidable). Aprendí a bailar (poco y mal) tango. Aprendí las mañas de participar en una asamblea. Aprendí a hacer mi trabajo de la forma en que lo sigo haciendo hoy. En Exactas tuve clases con gente como Adrián Paenza, Alberto Kornblihtt, Mariano Levín, Lino Barañao entre otros. En Exactas escuche charlas de Hebe de Bonafini, Gregorio Klimovsky, Manuel Sadovsky, Cesar Milstein, Ilya Prigogine entre los que la memoria se encapricha en recordar ahora. En Exactas, para bien y/o para mal, tomó forma el adulto que soy.

Ayer volví a Exactas por una cuestión laboral-académica. Hacía mucho tiempo que no circulaba por ahí, por los corredores, el gran patio central, las escaleras o los ascensores con interiores de madera. Me acordé casi de cada momento vivido ahí. Volví a dar una vuelta por la biblioteca, como hacía casi siempre al llegar al Pabellón II (el edificio principal de la facultad). Era para ver si estaban los amigos discutiendo o jugando al truco, pero también para escuchar las discusiones que corrían en las mesas vecinas. Me acuerdo de un grupito de estudiantes de matemáticas intentando conceptualizar un espacio de pi dimensiones. Vino uno de afuera y propuso pensar uno de un número imaginario de dimensiones... Todos pibes sintiendo el placer de romperse la cabeza ejercitando hasta el límite la intención de pensar de una forma compleja: abstraer hasta el límite. Y en el medio, claro, discutiendo pelis de Tarkovsky, Wajda o Bergman... claro que a veces también alguna pavada (me acuerdo por ejemplo de una tarde, el día anterior a un examen, en el que decidimos en banda alquilarnos la filmografía porno-soft de Xuxa).

Ayer tuve la sensación de que Exactas continúa así... la vuelta por la biblioteca me hizo escuchar algunas conversaciones parecidas a aquellas... también las conversaciones en el bar. Los carteles son otros, pero el estilo sigue. Subiendo al primer piso por la escalera del lado sudoeste esta ahí bien mantenido el mural que recuerda los nombres de los estudiantes de la casa desaparecidos. En los jardines alrededor del edificio las clásicas ruedas de estudiantes resolviendo problemas o leyendo papers al solcito de la tarde. Alguno u otro haciendo una siestita contra un arbol. Muchos preparando volantes, pintando nuevos carteles... entrenando, calentando motores para lo que serán sus luchas de adultos, que ya están empezando. Exactas es memoria, cultura, ciencia, vocación, pibes haciendo quilombo con problemas de matemática o física, o química o biología, o geología en la cabeza, Exactas es la tradición de estudiantes crónicos que después se conviertieron en filósofos o científicos destacados... eventualmente premios Nobel... Exactas es un lugar donde todavía se piensa... no el único, claro, pero uno de los más intensos que conozco.


8 comentarios:

Max dijo...

Querido Ariel, leo tus palabras y me emociono e identifico plenamente. La gloriosa Exactas no ha cambiado en los esencial, ya lo comprobé muchas veces en los últimos anios que estuve yendo. Y me siento orgulloso de haberme formado allí, en muchas facetas de mi vida. Abrazón!

Ariel dijo...

Max, cuando estuve en Exactas esta semana me snetí de vuelta en aquellos días... hoy casi voy de vuelta sólo para meterme en alguna teórica... para revivir un día de aquellos! Abrazo.

Mauri K dijo...

Gran pequeña historia.

Ariel dijo...

MauriK, Gracias por pasarte por aquí y por el comentario ! Abrazo.

Mordi dijo...

Yo siempre paso por Exactas cuando vuelvo a Buenos Aires. He dado algunos seminarios. El mejor, para mí, fue uno que di en el aula Burkhardt en 2009. Como había defendido mi tesis en Tolosa, Francia, y en francés, sentí un enorme placer al presentar parte de ese trabajo en Exactas y en castellano. De paso, les pedí unos mates a unos estudiantes que asistían a verme. Exactas, en los 90, me salvó la vida. Y ahora, está realmente mucho mejor.
Me encantó la descripción que hiciste del Pabellón II.
Ah.. algunos de los carteles no eran "feos", no seas cruel.. allá por mediados de julio de 1993, colgamos uno con la cara de Sandino, que yo recuerdo con mucho cariño. Estaba rebueno :-)

Ariel dijo...

Mordi, en la Burkhardt defendi mi tesis en el año 2.000. Un par de meses después me mudaba para São Paulo. Durante mucho tiempo visité Exactas religiosamente en cada viaje. En algún momento dejé de hacerlo (por poco tiempo) por diversos motivos: en general viajes más cortos, etc. Este año tuve una experiencia interesante: fui llamado como jurado de tesis (primera vez en Argentina). Cada vez entiendo más claramente que esa es mi casa. No es la casa más linda, los carteles son feos, vamos! Pero es la mía, la que creó la matriz que hace que me emocione con historias como las de Cecilia... hay un cierto parentezco ahí, no? Abrazo!

Marian dijo...

Hola Ariel! llegué de casualidad a este blog...a casi 4 años de lo que escribiste , y terminando mi paso por exactas en la misma que carrera que lo hiciste vos, siento muchísima nostalgia, y reconozco también a exactas como mi casa :). Todo es tal cual lo describis vos.
Hermoso relato.

Ariel dijo...

Marian, qué bueno que a un cierto tiempo de publicado este pequeño relato costumbrista se siga viendo como un reflejo de la FACEyN de hoy. Gracias por comentar!